Origen del Blazer

La historia del nacimiento del blazer y su origen

Hacerse notar es parte del ADN de esta prenda. La palabra blazer deriva del verbo inglés to blaze, que significa “BRILLAR”.

Sencillez, comodidad y versatilidad son algunos de los atributos del blazer o bléiser y, quizá, los motivos por los que revive cada cierto tiempo. Esta prenda forma parte de la historia de la moda femenina por los diversos significados que ha aportado desde que nació como identificadora de un club de remo de Cambridge en 1825.

El origen de su nombre tiene dos explicaciones igual de creíbles: mientras unos lo explican como alusión a al color rojo ardiente (en inglés “blazing red“) del equipo de remo en cuestión, otros sitúan la explicación en 1837 cuando un capitán de apellido Blazer, encargó una prenda especial y novedosa en su época, para recibir la visita de la reina Victoria a su nave. La prenda también se bautizó así en EEUU donde las sociedades universitarias y los equipos deportivos de la Liga Ivy las adoptaron como parte del conocido estilo preppy de sus estudiantes más selectos

El blazer a finales del Siglo XIX

Mientras su origen náutico y masculino está probado,la adopción de esta prenda por parte de las mujeres si sitúa hacia 1870 cuando la actriz Sarah Bernhardtcausó una revolución en París al usar un traje de chaqueta claro hecho a medida en algunas de sus interpretaciones teatrales más sonadas.

Nadie lo había hecho antes y, aunque el pantalón escandalizó, la chaqueta masculina gustó y quedó grabada en muchas retinas.

Siglo XX “CHANEL”

El traje característico del movimiento sufragista estaba formado por falda más corta de las habituales por aquel entonces para poder dar “grandes pasos” y una chaqueta similar a la de los varones.

Fue otro momento estelar de esta prenda aunque su uso no se popularizó hasta que Coco Chanel creó el primer traje de chaqueta femenino moderno, todavía con falda. Mademoiselle “robó” la icónica prenda masculina y facilitó con cortes y materiales. Su uso para mujeres con deseos de emancipación y libertad cuyo estilo de vida requería cada vez mayor comodidad. La veda estaba abierta y ellas encontraron en los blazers novedad, estilo y confort.

1940 “LAS PACHUCAS”

Con este nombre han pasado a la historia mujeres mexicoamericanas que representan a estadounidenses trabajadoras de segunda generación cuyos padres había emigrado de México a centros urbanos de la zona de California. Su grano de arena en la popularización del blazer femenino es clave porque estas mujeres vestían los conocidos como “trajes zoot”, idénticos a los que llevaban sus homólogos masculinos: faldas o pantalones con blazer anchos de grandes solapas similares a los que a partir de los 50s vestirían los Teddy Boys ingleses.

1966 “YSL”

Yves-St-Laurent pasará a la historia como el artífice de adaptar las chaquetas de fumar de los hombres del siglo XIX a las mujeres del siglo XX. Aunque en rigor no se trata de una chaqueta, sin ella el tuxedo no tendría el poder que aún hoy sigue teniendo como clásico prácticamente unisex. Llevar aquellas dos prendas, incluso ya avanzado el siglo pasado, pasó de ser un acto de moda a ser una contestación por la que la mujer que lo elegía se declaraba irreverente, atrevida y feminista en un momento en el que el término todavía se percibía con connotaciones excluyentes. 

1980 “ARMANI y DONNA KARAN

Mujeres vistiendo chaquetas con hombreras superlativas y en las pasarelas un italiano, Giorgio Armani, comprende que la incorporación de la mujer al mercado de trabajo requiere eliminar el foco de su género y ponerlo en su talento.

Sus chaquetas fueron un buen intento para conseguirlo, pero la consecuencia fue mujeres “disfrazadas” de hombres según numerosas críticas de la época. A finales de una década en la que el blazer fue la prenda estrella, Donna Karan se encargó de diseñar la que finalmente permitió a las mujeres vestirse para los negocios sin esconderse tras una silueta masculina.

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