LA AVENTURA DE SER MAMÁ

#EnLaTorre

A casi todas nos pasa que cuando estamos embarazadas y vemos nuestro cuerpo crecer, llegan mil emociones al mismo tiempo. Entre alegría y emoción, pero también miedo y el deseo de que nuestro bebé tenga salud.

Y es que, estarán de acuerdo conmigo mommys que traer una nueva vida, además de ser un milagro, implica la responsabilidad de un ser humano, requiriendo de muchas fuerzas para luchar por ese ser indefenso que en los primeros años dependerá completamente de nosotras.

Sabemos o tenemos idea de que vendrán jornadas de levantarnos cuando estamos cansadas y agotadas, de pasar noches en vela y no rendirse NUNCA. Aunque nunca debemos olvidarnos de nosotras mismas y darnos nuestros espacios de vez en cuando.

¿Pero qué significa ser mamá? Es como subirse a una montaña rusa en la que viviremos un cúmulo de emociones como la euforia, la plenitud, el amor más puro, la gratitud, el enojo y el miedo.

Euforia cuando tengamos la primera sonrisa de nuestro bebé, cuando da sus primeros pasitos o que nos dice “mamá”. Cuando nos demuestra que puede comer por sí solo o sola, cuando ya aprendió a andar en bicicleta, cuando se le cae su primer diente de leche o lo vemos entrando en su primer día de escuela.

Plenitud cuando sabemos que estamos criando a un buen ser humano, que esas cosas a las que de momento decidimos renunciar, han valido la pena cuando vemos su pleno desarrollo.

Cansancio cuando entendemos eso de que ser mamá es un trabajo 24/7, porque desde que llegamos a casa con nuestro bebé, entendemos que cansancio y descanso, no volverán a significar lo mismo.

Miedo cuando somos conscientes de que no podremos protegerlos de todo lo que quisiéramos. Pero, estarán de acuerdo conmigo que los hijos son nuestro más preciado tesoro y daríamos lo que fuera por evitarles tantas lágrimas, enfermedades; ¡por favor, que no sufra nunca!  Y por contradictorio que parezca, también debemos de entender que tampoco es sano caer en una maternidad sobreprotectora que los aísle en una burbuja.

Amor sentimos probablemente desde que supimos que venía en camino y conforme sentimos que crecía dentro de nosotras. Desde ese momento sabíamos que daríamos lo mejor de nosotras y saber que un nuevo ser nacería de nuestra entraña nos llenaba el alma, sintiéndonos afortunadas de tan preciado regalo, conociendo el amor más puro e incondicional.

Gratitud cuando al final del día, después de que nos enojamos, irritamos y hasta lamentamos mucho de lo que debemos pasar, llega nuestro hijo con sus ojitos brillantes y nos abraza, sonríe o vemos dormir plácidamente y agradecemos haber tenido el privilegio de ser su mamá, viéndolo crecer, aprender cada día algo nuevo, radiante de alegría.

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